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13/6/12

PROBLEMÁTICA


Qué repelús me dan los talibanes, pardiez. Incluso -éramos pocos y parió la abuela arquitecta- los que trabajan sobre una mesa de diseño y tienen un diploma colgado en la pared. Recuerdo, y supongo que ustedes también, cuando Madrid era una ciudad para caminar por ella, sentarse en sus plazas y tomar el pulso a la calle y la vida. Qué tiempos. En algunos lugares, incluso, había árboles. En vez de eso, los espacios abiertos que hoy se ofrecen a quien se mueve por la capital de España son áridas superficies pavimentadas, suelos extensos de piedra seca y dura, plazas desprovistas de sitios para sentarse, explanadas hostiles sin sombra ni resguardo: simples lugares de paso concebidos para que el transeúnte circule sin detenerse, negándole todo descanso o comodidad. Remodelación del espacio urbano, lo llaman. Adecuación a los nuevos tiempos. Nuevo concepto de ciudad, y tal. Etcétera.

En los últimos años, Madrid se ha convertido en descarado campo de experimentación de la línea recta y los espacios desnudos. Todo despojo y simplificación tiene aquí su asiento. Y su financiación. Con el pretexto de quitar sitio a los vehículos para dárselo a los ciudadanos, el ayuntamiento local se ha arrojado, sin pudor, en brazos de los arquitectos radicales, fanáticos implacables del minimalismo urbano y el concepto de ciudad como gigantesca vía de paso orillada por locales comerciales, donde la única función del espacio abierto es encauzar masas de compradores de tienda en tienda, con el bar o la cafetería como único descanso. Este afán por convertir al ciudadano en cliente de movimiento continuo, negándole todo reposo gratuito, raya en la infamia. Ausencia absoluta de jardines, llanuras de piedra, inmensos suelos de granito decorado por miles de chicles pegados en él. Gente sentada en el suelo, ni un solo banco, algún asiento individual aislado, vergonzante. Señoras embarazadas, personas de edad, caminantes fatigados, turistas al filo de la deshidratación, vagan por esos páramos enlosados como hebreos por la península del Sinaí, sin hallar un punto donde reposar un momento, reponer fuerzas, dar de mamar al niño o echar un cigarro. Es, al fin, la ciudad dura, seca y fría soñada por quienes no la habitan, impuesta a la fuerza, sin consultar a nadie, entre cuatro fanáticos de la desnudez urbana y sus cómplices municipales encantados de salir en la foto, encandilados como bobos catetos ante los desafueros avalados por la autoridad arrogante, autista, de cualquier firma de prestigio.

Porque una cosa es cambiar el modelo de ciudad, adecuándolo a los nuevos tiempos, y otra triturar cuanto huela a tradicional, ajustando los espacios urbanos a la dictadura de lo lineal y lo vacío. El vecino, el transeúnte no apresurado, quien se demora en el paso y la vida, son lo de menos. No cuentan. Y en los sitios más afortunados, cuando hay donde sentarse, el paisaje no invita en absoluto: ni una sombra, ni un árbol, ni una planta. Hormigón por todas partes, bloques de granito sin respaldo en lugar de bancos, de manera que a los cinco minutos debes levantarte con los riñones hechos cisco. En otros lugares, ni siquiera eso. Si eres joven puedes sentarte en el suelo. Si no, a lo legionario: marcha o muere. Y las explicaciones son de un cinismo delicioso: el mobiliario urbano obstaculiza el paso, facilita el botellón y permite que se instalen vagabundos y mendigos. Eso lo dice, sin ruborizarse, el Ayuntamiento de una ciudad que es un inmenso botellón permanente, y donde vagabundos y mendigos venidos de toda Europa, nueva corte hispana de los milagros, acampan por centenares donde les sale del cimbel, lo mismo en mitad de una acera transitadísima que atestando los soportales de la Plaza Mayor o los pasajes subterráneos. Una anécdota final. Cuando la remodelación, hace un par de años, de la explanada situada entre el museo del Prado y el claustro de los Jerónimos, la Real Academia Española, situada en la esquina con la calle Felipe IV, recibió una petición de los arquitectos responsables y del Ayuntamiento para que árboles y arbustos que adornan el jardín decimonónico de la Docta Casa fuesen talados o reducidos de tamaño. Porque, cito de memoria, «rompían la armonía y las líneas limpias de la nueva ordenación urbanística». O algo así. Tan osada e imbécil petición fue discutida en el pleno de los jueves -entre intensas muestras de hilaridad y choteo de los académicos, por cierto-, y la conclusión final, resumida en corto y claro, fue que se mandara a los solicitantes a hacer puñetas. «Si de armonía se trata, que planten árboles ellos», dijo alguien. Y allí sigue, orgullosamente intacto. Nuestro pequeño jardín.

 

Rosa olivares

LA ciudad ideal
La ciudad ideal era la que los dioses construían para que en ella vivieran los hombres.
[...] Si las reglas de los primeros arquitectos eran contradictorias entre sí, también había otras que todavía hoy en día sustentan las bases del urbanismo. Pero la ciudad es mucho más que urbanismo, mucho más que arquitectura. La ciudad representa una cultura, una comunidad de personas, la ciudad está definida por los ciudadanos. Aristóteles, en "La Política", definía la ciudad como "un perfecto y absoluto conjunto o comunión de muchos pueblos o calles en una unidad".

[...]De las razones religiosas y los consejos sagrados, se fue desplazando hacia una lógica social y económica y, sobre todo, militar.
[...]es en la ciudad en donde pasan las cosas. Donde se sitúa el gran comercio, donde la cultura se desarrolla, donde el poder se concentra.

[...]Y el viajero cosmopolita las recorre sin descanso, a veces buscando esa identificación del paisaje con su propia experiencia, a veces intentado encontrar lugares todavía vírgenes en los que no haya los mismos hitos ciudadanos que definen la cultura de hoy: el puesto de comida rápida, el museo, el semáforo...lugares diferentes por poco tiempo.
Y entre las ciudades, esos lugares románticos unas veces y fríos otros, territorios de la narración, lugares también intermedios y sin identidad, cuyo único fin es situarnos en un tiempo sin límites reales, de sensaciones abstractas, en un lugar de tránsito: aeropuertos, estaciones, carreteras...
[...]la ciudad sigue siendo el matraz donde la civilización se desarrolla.

CONCEPTO, REFERENTES

 Santiago Cirugeda

SITUACIONES URBANAS - LIBRO



EDITORIAL TENOV - 001


Santiago Cirugeda es un arquitecto atípico que desde el inicio de su carrera ha puesto en práctica sus ideas directamente sobre el terreno. A lo largo de los últimos diez años, ha desarrollado un método de trabajo basado en la observación y análisis de la ciudad, al objeto de afrontar las carencias urbanísticas que en ella detecta. Su arquitectura, inmediata y portátil, es un despliegue de ingenio y creatividad que busca proponer nuevos modelos ajustados a presupuestos limitados. Entendiendo la arquitectura como una disciplina que debe velar por la mejora de las condiciones sociales, plantea un modelo de ciudad autogestionada donde los ciudadanos puedan decidir sobre su entorno inmediato.



Este libro presenta catorce situaciones concretas en las que Santiago Cirugeda explica cómo ha sido capaz de tergiversar el statu quo de la ciudad mercantilizada para proponer una ciudad más habitable. En él se detallan las estrategias que le han permitido reinventar tanto la vivienda, como los museos, la universidad, los centros sociales o el espacio público.








[...]propusieran la  incorporación de nuevos usos y el aprovechamiento instantáneo que estos edificios pueden generar.

El creciente interés que hay de diferentes proyectos europeos en la  reutilización de estos elementos urbanos,  por su idoneidad para incorporar usos temporales (programa Catalyst)  o definitivos, nos obliga a sondear la capacidad  funcional y simbólica de los miles de metros cuadrados de construcciones diversas que conviven con nosotros.
La adaptación de  los mismos abre las puertas a tipologías arquitectónica híbridas, y procesos económicos y sociales de muy fácil implementación, que en muchas ocasiones se convierten en revulsivos y activadores de la rehabilitación de los barrios donde están situados. Todo ello sin la necesidad  de un mayor consumo territorial.
[...]  Lo que me ha producido estos 11 años de trabajo, casi en solitario,  afectado y embebido de intereses y necesidades urbanas, de índole social,   es  plantear situaciones donde se reclama el derecho innato del ciudadano a usar la ciudad en la que vive.
La pregunta:¿Qué debe de hacer o aportar un grupo de ciudadanos para obtener el derecho de uso de un suelo o edificio obsoleto  de propiedad pública? Un promotor ya sabemos…
Es curioso que hay numerosas legislaciones y Normativas Europeas en torno al "derecho a la ciudad", que quieren potenciar el papel protagonista del ciudadano, pero raramente se conocen estas  y mucho menos se aplican. Alguna de ellas son:

-Tratado constitutivo de la Comunidad Europea (especialmente artículo 175)
-Carta Europea de Derechos Fundamentales (especialmente artículo 34)
-Carta Europea de Salvaguardia de los Derechos Humanos en la ciudad. 2001
-Libro Verde sobre el medio ambiente urbano, 1990.
-Dictamen del comité Económico y Social sobre el desarrollo sostenible en materia de construcción y vivienda en Europa

Mientras intentamos animar u obligar  a las administraciones al "cumplimiento debido", de los soportes legales, nosotros  ocupamos y reusamos estos elementos construidos de hormigón y acero. [...]



17/5/12

CONCEPTO

DES_MATERIALIZACIÓN
//LEVEDAD, EXACTITUD, VISIBILIDAD, RAPIDEZ y MULTIPLICIDAD
des= eliminar                                     materia=todo lo que tiene masa y ocupa un lugar en el espacio
Desmaterializar por lo tanto se convierte en dejar de sentir las cosas cuando estas han perdido densidad, pesadez,palpabilidad y visibilidad… La materia cae,es corpórea, posee una estructura y por lo tanto también límites, no solo físicos sino también temporales.
Vivimos en una contradicción, buscando “materializar” la ficción mientras que nuestra realidad física se desvanece en datos, píxeles, bites…